Vecinos de Lavapiés se enfrentan al desahucio por parte de una productora de cine

Autora: María José Gayón / Fotos: Leah Pattem (versión en inglés)

Buenavista 25 y Zurita 22 son dos pintorescos edificios residenciales en Lavapiés, situados en calles paralelas. Están conectados por un pequeño patio, a través del cual los vecinos de los 10 pisos intercambiaban poco más que saludos cordiales mientras tendían la ropa a secar. Sin embargo, a mediados de marzo, tuvieron que ir mucho más allá de la cordialidad y convertirse en aliados al enterarse de que sus dos edificios habían sido comprados por la productora cinematográfica Gloriamundi Producciones. La empresa ha empezado a presionar a los inquilinos para que se marchen, pero ellos no piensan dejar atrás sus recuerdos, sean de un año o de toda una vida.

La inquilina más veterana con diferencia, Mari Cruz (77), nació en el edificio, y su marido, José Luis (81), en el de enfrente. Llevan viviendo –y trabajando, pues José Luis tenía allí su taller de joyería– en Buenavista 25 de forma intermitente desde que se casaron, hace más de 50 años. Se interrumpen y se contradicen con el ritmo fácil y el cariño de dos personas que han compartido la mayor parte de su vida, pasando de hablar de su piso de renta antigua, a los mejores bares de Lavapiés en su juventud, a lo mucho que ha cambiado el barrio a lo largo de sus vidas. 

El patio que conecta los dos edificios

La descripción de una época en que las puertas estaban siempre abiertas y la gente se ayudaba destaca que tal vez algo de eso se ha recuperado en los últimos meses; Lili (39), que lleva unos 3 años viviendo en el edificio, ofrece una sugerencia de alguien que podría querer comprar algunas de las herramientas y materiales de José Luis, y da lata cariñosamente a Mari Cruz por querer salir en la televisión.

Al mencionar el constante alquiler de espacios públicos para producciones mediáticas y si la gente de Lavapiés habría esperado algo mejor de una empresa artística, Lili, quien es bailaora, dice no haberse sorprendido demasiado: “Empresas que hacen dinero con la cultura hay y estas grandes empresas culturales hacen millones con productos, no con artistas”.

El punto de vista de Lili se ve subrayado por el apoyo activo que otra institución cultural, El Teatro del Barrio –irónicamente, el edificio situado inmediatamente a la izquierda de Buenavista 25– ha prestado a otros casos de desahucio en Lavapiés, como lo de Tribulete 7, incluso prestando el espacio como lugar de reunión para las asambleas vecinales. 

Teatro del Barrio, que ha ofrecido espacio a sus vecinos para organizar asambleas

Por otro lado, Gloriamundi Producciones, fundada en 2012 por el reconocido productor argentino Pablo Enrique Bossi, afirma que “crear puentes de colaboración creativa entre distintos países y talentos” es una de sus principales metas. Sin embargo, no parece tener reparos en negarse a renegociar contratos abruptamente y dar largas a los inquilinos, quemando puentes en una relación que hasta ahora era cordial, ya que todos los vecinos hablan con respeto del anterior propietario del edificio.

Aunque todos se enfrentan a un posible desahucio, parece que cada caso en Buenavista es único: está Anita y su esposo, que llevan seis años viviendo en el edificio y manteniendo a sus dos hijos, un chico y una chica, en Bulgaria. “Si solo pudiéramos quedarnos aquí un año más, estaríamos bien. Solo necesitamos un año más”. 

Calle Buenavista, Lavapiés

Recibió el burofax hace un mes, sin haber tenido la oportunidad de renegociar su contrato, luego de que en octubre, cuando se vendió el edificio por primera vez, le aseguraran que nada cambiaría, salvo la cuenta bancaria en la que pagaría el alquiler.

Del mismo modo, Fernando (39) que llegó de Colombia en busca de un cambio y queriendo experimentar la vida en Madrid, tenía un contrato de un año que debía durar hasta diciembre y, sin embargo, recibió la notificación de desalojo en noviembre. 

Pancarta pintada a mano en la ventana de Teatro del Barrio

De hecho, la nueva Ley de Arrendamiento establece que los contratos de alquiler entre particulares deben durar 5 años; cuando son entre particulares y personas jurídicas, 7 años. Por supuesto, las empresas que se dedican a este tipo de tácticas turbias cuentan con el hecho de que la persona promedio no está muy al tanto de la Ley de Arrendamiento. Ahí es donde entra en juego el prolífico Sindicato de Inquilinas. 

Ya involucrado en otros casos de desahucio en la zona, el grupo está colaborando con los vecinos de Buenavista y Zurita, y su representante, Carol, tiene una relación natural con ellos que demuestra claramente la confianza que han depositado en ella y en el sindicato.

Anita, uno de los vecinos de Zurita y Buenavista

Me recuerda que, además de los desalojos directos, en Lavapiés se han producido innumerables “desalojos invisibles”, es decir, todas aquellas personas que en condiciones normales se habrían quedado en sus pisos, pero son presionadas para que los abandonen o lo hacen por miedo al acoso del comprador. Como ella lo resume acertadamente, “El problema ahora es que la vivienda se entiende como un bien de mercado y no como un derecho”.

Gloriamundi parece haber copiado las estrategias utilizadas por tantas empresas inmobiliarias, ya que han iniciado obras en el edificio que han dejado a muchos vecinos con daños estructurales considerables en sus apartamentos. El piso de Fernando presenta varias grietas en la sala y en la habitación, e incluso se ha desprendido un pedazo de la pared de la entrada. 

Los pisos de Lili y Anita han desarrollado un preocupante problema de moho como consecuencia de una fuga de agua que se prolongó durante 5 días, a pesar de haber sido denunciada por Anita. De esto hace ya dos meses, y desde entonces esperan una solución.

La escalera de Buenavista con paredes en deterioro al lado de la entrada

Lola, la gata de Lili, sube a sus piernas y le ronronea mientras cuenta que ella y una amiga que solía ser su vecina investigaron las leyes cuando se enteraron de la posible venta del edificio. Como artista, su sentido de iniciativa e ingenio le han venido bien, ya que aunque técnicamente su contrato aún no ha finalizado, debido a la Ley de Arrendamiento mencionada, intuye que es solo cuestión de tiempo hasta que empiece a sentir la presión, y está claro que además está ayudando a los demás vecinos con esta carga por solidaridad.

De hecho, en Zurita dos vecinos se han marchado desde que se anunció la venta, optando por buscar una vivienda alternativa en vez de pasar por las dificultades de luchar contra la productora. Una de las antiguas inquilinas, al recibir el burofax apenas un mes después de que se vendiera el edificio, y antes de que los vecinos tuvieran la oportunidad de organizarse, tuvo miedo y no es de extrañar que se sintiera sola y abrumada, como nos cuenta Pablo (39), uno de los pocos inquilinos que quedan en el edificio.

En una situación ya de por sí tensa desde el punto de vista emocional y material, todos los factores – ya sea la edad, la situación económica, la situación familiar o laboral – se convierten de repente en debilidades de las que aprovecharse, y pueden determinar no solo el resultado, sino incluso el agobio durante el proceso en sí. Por tanto, tal vez no cabe esperar el mismo grado de implicación de los inquilinos mayores o de las familias con hijos que de los más jóvenes o con menos personas a su cargo, lo que hace que los vecinos de estas últimas categorías se lleven la peor parte del estrés que conlleva resistirse. “Todo el mundo quiere conseguir derechos, pero nadie quiere pelearlos”, dice Pablo con resignación.

Pablo hablando con Majo en su sala de estar en el cuarto piso

Aun así, no le niega a su vecina de abajo, una señora mayor, la paz mental que pueda permitirse. Reconoce que su situación es mucho más complicada que la suya, ya que le resultará muy complicado a una señora jubilada que vive de su pensión encontrar un piso de un precio similar en el barrio si la desahucian. “Lo que no se dan cuenta es que cuando compran un edificio, indirectamente están comprando las vidas de las personas que viven allí, que van a tener un impacto fundamental en la vida de estas personas”.

Aunque no sea igual de grave, ser desahuciado significaría para Pablo tener que abandonar la zona en la que ha vivido toda su vida adulta, por no hablar de los innumerables pequeños inconvenientes – vivir más lejos de su trabajo, pagar más por un piso menor – que terminan sumándose y convirtiéndose en un cambio de vida enorme que nunca pidió, sin posibilidad de negociar y con muy poca empatía.

Vista de los tejados de Lavapiés desde la sala de estar de Pablo

A pesar del conocimiento indiscutible de que comprar el edificio con la intención de reformarlo y subir los precios supondría una relación, cuando menos, conflictiva con los vecinos, Gloriamundi Producciones no ha hecho aparentemente ningún esfuerzo por suavizar las cosas. Más bien al contrario: mientras que los inquilinos de Zurita llevaban años pagando su parte de la factura del agua repartiéndola a partes iguales entre los 8 pisos – tanto los vacíos como los ocupados – desde la venta, la empresa ha intentado obligar a los tres vecinos restantes a repartirla solo entre ellos. 

Convenientemente, esto deja a un lado el hecho de que el coste de acceso al agua – que no tiene en cuenta el uso del agua y por lo tanto es la misma cantidad para cada piso, independientemente de la ocupación – es significativamente mayor que el del uso. Como Pablo nos mostró en su factura más reciente, esto más que duplica el coste para ellos, ya que el uso del agua representa solamente 25 € del total, y el acceso al agua, en cambio, 130 € al mes, aproximadamente. 

A pesar de todo, el patio entre los edificios, que siempre había estado cerrado, ahora está abierto, metafóricamente. Mientras que una empresa que presume de contar historias busca poner fin a cada una de las 16 historias personales que componen a Buenavista y Zurita, los vecinos se han unido y se niegan a marcharse sin hacer ruido. Entienden, como ha dicho el Sindicato de Inquilinas, que “Hay que pasar a la ofensiva y no esperar a que nos llegue el conflicto. Porque ser inquilinas ya es un conflicto por la incertidumbre de no tener control sobre tu vivienda. Muchas vecinas entienden esto como algo colectivo”.

El 14 de abril, el barrio de Lavapiés se unió a lxs inquilinxs con música y performance para protestar por su desahucio:


Lxs vecinxos de Calle Tribulete 7 llegaron en apoyo


María José Gayón es una periodista independiente con sede en Madrid. Tiene un máster en Periodismo de Investigación y ha realizado reportajes para varias revistas y medios de comunicación españoles e internacionales, como BBC Scotland Radio y Times Radio.

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